Ibarra, algo más que amor por unos colores

En esta píldora vamos a recordar la figura de Manuel Ibarra Echano (1906-1990), centrocampista de reconocido liderazgo y pundonor. Uno de los mayores baluartes del espíritu verdiblanco. Un jugador de fibra, pegajoso, difícil de parar. Un hombre que evitó la venta del santuario racinguista…

Ibarra militó durante siete temporadas en el equipo montañés. Fue participe del mayor logro de la historia del club, el famoso subcampeonato liguero de la temporada 1930-31. Pese a que no llegó a ser internacional, llegó a disputar varios partidos entre posibles y probables (encuentros entre jugadores pre-seleccionados para el combinado nacional), así como amistosos. En sus 104 partidos como verdiblanco, logró un total de 8 goles. En 1940 abandonaría el club para fichar por el Zaragoza, donde permaneció hasta 1942.

Primer partido después de la guerra. Hércules – Racing. Ibarra posa junto al trio arbitral y el capitán alicantino

Rescatamos la siguiente crónica sobre su figura, realizada por la prensa madrileña tras una victoria (3-2) del Real Madrid ante el Racing en 1935: “En el Racing destacó una vez más la veterana figura de de Ibarra que es el alma de su once. A Ibarra aún le queda bastante de lo que tuvo y es medio Racing”.

Una vez retirado, entrenó a la Gimnástica de Torrelavega, con la que llegó a ascender a Segunda. También entrenó a su Racing, siempre de emergencia, después de la guerra y en la temporada 1967-68 supliendo a Laureano.

Ibarra estuvo presente en el simbólico comienzo de la construcción de los Nuevos Campos de Sport (1987). En compañía de Germán y Felipe depositó una paletada de hormigón en el primer pilar de la cimentación. Símbolos  del pasado racinguista.

Algo más que amor por unos colores

Eran tiempos de posguerra, y el Racing se encontraba en una situación complicada. No había dinero en caja y una deuda de 40.000 pesetas (de la época) terminó con el embargo de Los Campos de Sport.

En ese escenario surgen directivos de otra entidad deportiva de la ciudad, con la intención de pagar la deuda y quedarse con los campos. Ibarra se hace eco de la noticia, y pide al dueño que no venda el terreno, comprometiéndose a liquidar la deuda. Puso como garantía su bar y, junto a Paco Hernádez, organizó una serie de partidos benéficos hasta conseguir saldar el débito racinguista.

Manuel Ibarra Echano, ejemplo deportivo y humano vestido de verdiblanco.

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